
Es una especie casi extinta en nuestro país, cuando ven alguno se derriten y lo siguen lo más que pueden, ya sea con la mirada o a unos pasos de ellos.
¡Canguros! -dicen-, ¡Yo quiero un canguro!, y sonríen. Casi ningún canguro se salva de sus miradas y comentarios, no discriminan, éste no es su fuerte.
Los canguros más bellos son los que encontramos en la parte más alta de nuestro país. Se ha creido que estos pueden llegar a extinguirse en un año no muy lejano y que las generaciones futuras no podrán decir que tienen una vida completa y plena, más bien será vacía y triste; y para las generaciones de hoy en día que sí los conocen esto será tan grave o peor que la erupción del volcán de Aisén.
Si los canguros entendiarán sus señas... sus miradas... su idioma, estas probablemente serían las más alegres, ya que lograr la interacción con alguno de ellos es casi imposible en algunos casos; no por miedo, sino que simplemente por tener un tipo de comunicación e interpretación distinta.
Lo que es muy claro es que las generaciones de hoy en día nunca se darán por vencido, ya que si otras lo lograron, ¡¿ por qué no ellas?!.
Esperemos que tengan éxito y encuentren a ese canguro que tanto anhelan.


